CONSEJO GENERAL DE HERMANDADES Y COFRADÍAS  
CORIA DEL RÍO

Exaltación a la Eucaristía 2013

Por Don Nicolás Ángel Quero Carvajal

Pronunciada en la Parroquia de Santa María de la Estrella de Coria del Río, el Sábado 1 de Junio de 2013


"Han elegido a un humilde obrero de la viña del Señor"

Con estas palabras se presentó El Papa Emérito Benedicto XVI, tras su elección a la Iglesia y al Mundo y con estas mismas palabras me presento yo esta noche ante ti Señor.

Me presento ante Ti para tener un tiempo de oración, oración serena y en voz alta para que me escuchen estos hermanos míos que asimismo te acompañan esta noche.

Estar contigo Señor, me colma el alma de alegría, porque es venir a conversar con un Amigo, el Amigo que nunca falla, porque es venir y llenarse de luz, de paz y de un gozo que no me cabe en el alma.

Y es natural que mi alma se agrande en este gozo, al sentirme cerca de ti, al experimentar que bondadosamente nos amas y que te agrada que venga a visitarte. Venimos a veces a la iglesia y vemos que estas solo, no hay nadie en los bancos del Sagrario, y nos da pena, y somos capaces de quedarnos a acompañarte, para que no esté solo.

Pero no caemos en la cuenta de que eres Tú el que seguro debe sentir pena por nosotros, porque estás ahí queriéndonos amar, queriéndonos dar consuelo, queriendo compartir esa alegría, queriéndonos dar en definitiva esa compañía que necesitamos ¿y qué hacemos nosotros?

Pasamos de largo.

Tendríamos que venir a verte más a menudo y sin embargo no lo hacemos. A diario se nos va el tiempo en muchas cosas y no tenemos ni un solo rato para venir a estar contigo, en oración, en silencio, aunque solo sea para contarte cómo nos ha ido el día.

Hoy si hemos venido, hoy si estamos aquí ante Tí y ¡Que gozo! ¡Qué alegría! de poder estar aquí en tu presencia! ¡Qué bien se está aquí Señor!

Y es el gozo de quien sabe que está junto a su Redentor, el que dio su vida por nosotros, el que con su muerte destruyo nuestra muerte y por cuya resurrección resucitaremos al final de los tiempos.

Ocurrió en Betania. Lázaro había muerto y al salir Marta, su hermana, a tu encuentro, le dijiste:

“Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí aunque haya muerto vivirá y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre” ¿Crees esto? (Jn 11, 26)

Yo me pregunto ¿Realmente creemos esto?

Porque estas palabras tuyas son cruciales en nuestra fe y si no estamos seguros, si dudamos de lo que nos dices Señor, nuestra fe lejos de ser fuerte como una roca, tendrá sus cimientos en el barro y la derribará la más tenue brisa de verano.

Estamos ante nuestro Salvador, aquel que todo lo puede, todo lo sabe y que desea curar todos nuestros males, aliviar todas nuestras penas y derramar su consuelo divino en nuestros corazones.

Estar en tu presencia Señor es un gozo que supera toda alegría humana, porque simplemente es el amor de Dios, que se comunica con plenitud a mi alma. Donde hay amor allí está Dios.

¡Gracias, Señor! Mil gracias por estar siempre ahí, por cumplir tu palabra de quedarte con nosotros, por acompañarme todos los días de mi vida, por concederme esta alegría íntima y profunda de vivir estos momentos de oración cerca de Ti, bajo el influjo de tu amor misericordioso que nos ama, nos purifica y nos santifica.

Gracias de todo corazón Jesús por hacer que esta tarde pueda vivir estos momentos contigo delante de todos mis hermanos, de mi comunidad parroquial, teniendo especialmente presente a todos los que conocí y amé, que ya partieron de este mundo hacia la Jerusalén celeste.

Querido Don Antonio, Párroco de nuestra comunidad parroquial de Santa María de la Estrella.

Señor Presidente del Consejo de Cofradías de Coria del Río.

Señor Presidente de la Adoración Nocturna.

Señores Consejeros, Hermanos Mayores y miembros de las Juntas de Gobierno de las distintas Hermandades de Penitencia y Gloria, Grupo Parroquial de San Lucas, hermanas y hermanos todos en Nuestro Señor Jesucristo.

 

La Eucaristía es el Sacramento que contiene verdaderamente el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, junto con su Alma y su Divinidad, en definitiva toda la Persona de Cristo vivo y glorioso, bajo las apariencias de pan y vino.

En el siglo XVI, el concilio de Trento definió claramente esta verdad fundamental y la definió para afianzar la vivencia y adoración de Cristo.

En palabras de los padres conciliares: "En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor

Jesucristo, juntamente con su Alma y Divinidad. En realidad Cristo íntegramente."

Me gustaría ahora Señor hacer un viaje en el tiempo, a la época en que los primeros cristianos eran perseguidos, la Roma Imperial.

Las tumbas de los mártires, las pinturas murales de las catacumbas y la costumbre de reservar el Santísimo Sacramento en las casas de los primeros cristianos, ponen de manifiesto como el Cristianismo basaba la unidad de la fe en la doctrina de la Eucaristía, en la cual Cristo realmente se contiene, se ofrece y se recibe.

De la Eucaristía sacó fuerzas toda la Iglesia para luchar con valor y conseguir brillantes victorias. La Eucaristía era y es el centro de toda la vida sacramental, siendo de capital importancia para unir y robustecer a la Iglesia.

Al decir esto, no puedo por menos que recordar en estos momentos la historia de Santa Blandina de Lyon.

Mirad, ahora vivimos en tiempos difíciles, no me cabe la menor duda, tenemos una crisis profunda en nuestro mundo, tanto económica como de valores, hay mucha gente en paro, gente que pasa hambre, gente que pasa calamidades; la Iglesia es atacada desde muchos flancos y todo nos parece un desastre, sin embargo, aun viendo este panorama terrible, debemos pensar que siempre hubo tiempos peores, como los que vivió Santa Blandina de Lyon.

Blandina era una muchacha bajita, endeble y frágil. Vivió en pleno imperio romano en la ciudad de Lyon. Era esclava y servía a una señora con mucho dinero, cuya verdadera riqueza paradójicamente y en contra de lo que podíamos pensar era tener humanidad y delicadeza con los más pobres y humildes, la dama era cristiana y su fe en Cristo le había hecho trastocar el orden social establecido para volcarse en ayudar al prójimo, lo cual le había traído más de un problema. A través de su ama, Blandina se encontró con Jesucristo y terminó siendo bautizada.

Como hemos dicho era época de persecuciones y un día Blandina y su ama fueron denunciadas. Ambas fueron encarceladas y torturadas con el fin de hacerlas renegar de Cristo. Los verdugos al ver la extrema fragilidad de Blandina se ensañaron con ella sometiéndola a horribles tormentos. La torturaban durante todo el día turnándose unos verdugos con otros y al llegar la noche se preguntaban como un cuerpo tan machacado podía respirar aun.

No tenían suficiente que la colgaron desnuda de un madero en el circo romano y le echaron unos leones para que la despedazaran delante de todo el mundo y que sirviera de diversión, sin embargo sorprendentemente las fieras no la tocaron. Al final todos los cristianos detenidos durante esa persecución murieron a manos de los verdugos o despedazados por las fieras, quedando la última de todos Blandina, que aguantaba uno tras otro todos los crueles tormentos a los que era sometida. Finalmente ya aburridos los soldados romanos, terminaron por degollarla.

Esto ocurría hacia el año 177 siendo emperador Marco Aurelio. La persecución de ese año, lejos de hacer retroceder a los cristianos lo que hizo fue hacerles avanzar y propagar fe en Jesucristo por toda la Galia.

Ahora me gustaría compartir con vosotros una realidad que a buen seguro no va a sorprender y debería hacernos reflexionar a partir de hoy. En el siglo XX y lo que llevamos del XXI han sido asesinados más cristianos perseguidos que en los 19 siglos anteriores.

¿Somos conscientes de esto Señor? Somos conscientes de que hermanos nuestros han muerto recientemente por dar testimonio de la Verdad?

¿Seriamos nosotros Señor capaces de sufrir por tu causa una milésima parte de lo que sufrió Santa Blandina, de lo que sufrieron estos hermanos nuestros?

Los cristianos del siglo II no te habían visto Señor, no habían podido convivir contigo, pero si tenían las Sagradas Escrituras, la Tradición de los Apóstoles y lo más importante, tenían Tu Presencia en la Eucaristía, como la tenemos nosotros, aunque me pregunto ¿La valoramos igual que ellos?

Durante los días que compartiste con tus discípulos Señor, les decías, "Yo soy el Pan de Vida"(Jn 6),"El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el ultimo día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida”.

Y tus discípulos no sabían lo que querías decirles. En la Cena Pascual tras bendecir el pan, partirlo y dárselo les decías, "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía (Lc 22,19).

A buen seguro se preguntaban cual era el significado de aquellas palabras. Pero es que hoy, ¿sabemos nosotros el significado de lo que quisiste decirles?

Finalmente, antes de volver con tu Padre les dijiste “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos”  

 (Mt 28, 20). Y en nuestra fe creemos que has estado con nosotros desde entonces.

Pero ¿Nos damos realmente cuenta de que te quedaste con nosotros? ¿Nos damos cuenta de que estas presente en la celebración de cada misa, en medio de los hermanos que asisten a la celebración, “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20)

¿Nos damos cuenta de que te haces presente en la Palabra proclamada, en el sacerdote que preside la misa, que durante la celebración no es la persona del sacerdote sino la misma persona de Cristo quien celebra?

¿Nos damos realmente cuenta de todas estas cosas?

Durante la misa, en la liturgia eucarística, el sacerdote dice: “…Bendito seas Señor Dios del universo por este Pan fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos, El será para nosotros Pan de Vida…”

Hermanos, debemos tomar conciencia de lo que significa para nosotros este Pan de Vida.

Estas preguntas son las que debemos hacernos en este Año de la Fe, convocado tan sabiamente por nuestro querido Benedicto XVI para darnos la oportunidad de tomar conciencia de nuestra fe, purificarla, confirmarla y confesarla a los cuatro vientos. La fe es un don divino que Dios nos otorga y junto a la razón forman esas dos alas que todos debemos tener para volar hacia la Verdad, esa verdad que es Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

¿Pero que es la Fe?

Jesús nos lo dice en aquel pasaje del Evangelio San Juan donde se dirige a uno de sus discípulos diciéndole:

“¿…Tomás, ¿Por qué me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto” (Jn 20,29).

Y esto hermanos nos lo dice Jesús a nosotros hoy, aquí y ahora.

Nunca vimos al Dios y hombre verdadero que fue Jesucristo, y que murió por nosotros en la cruz, pero si que tenemos su presencia real y sustancial en la Eucaristía, en el Pan de Vida.

En palabras de Juan Pablo II:

“La Eucaristía nos acerca a Dios de modo estupendo. Y es el Sacramento de su cercanía hacia los hombres. Dios en la Eucaristía es precisamente este Dios que ha querido entrar en la historia del hombre. Ha querido aceptar a la humanidad misma. Ha querido hacerse hombre” (Juan Pablo II, 13 de junio de 1979).

“La Eucaristía restablece en nosotros la armonía de nuestro ser y nos impulsa a proyectar en la sociedad el espíritu de reconciliación que debemos vivir según el proyecto de Dios. Nos nutrimos del Pan de Vida para poder llevar a Cristo a las diversas esferas de nuestra existencia: al ambiente familiar, al trabajo, al estudio, a las instituciones públicas y sociales, a los mil compromisos evangélicos de la vida cotidiana” (Juan Pablo II, Lima, 14 de mayo de 1988)

Padre Eterno, te doy gracias porque tu amor infinito hizo que tu Hijo se hiciera un hombre como nosotros. Estábamos perdidos y El, nos mostró el camino de vuelta a tu Reino. Con su Muerte destruyó nuestra muerte y pago nuestra culpa, Feliz Culpa Con su Resurrección fue enaltecido y glorificado por Ti iniciando un camino por el que nosotros resucitaremos al final de los tiempos.

Ahora Señor en presencia de tu luz, esa luz que nunca se extingue me gustaría permanecer al lado tuya para compartir contigo toda mi vida, todo lo que soy.

Con la fe que he recibido, firmemente creo que estás realmente presente, aquí, delante mío, en la especie Eucarística del Pan, ese Pan de Vida que nos anuncias en el Evangelio.

Eres el Hijo eterno del Padre, engendrado antes de todos los siglos y encarnado luego en las entrañas de la Virgen María.

Eres el mismo que nació en Belén, el divino Niño que aceptó por mí, el aniquilamiento, la pobreza y la persecución. Eres Jesús de Nazaret, que vino para enseñarme las dulces verdades de la fe, a traer el gran mandamiento del amor: Tu mandamiento.

“Amaos unos a otros como yo os he amado” (Jn 13,34)

¿Cuándo vamos a llevar a cabo este mandamiento tuyo, Señor?

¿Tan difícil es perdonar y amar Señor?

Qué tristeza invade mi corazón cuando veo a diario gente a mi alrededor que no se ama, que no perdona. Perdono pero no olvido, he escuchado a veces, ¡Qué barbaridad Señor!

¿Cómo pueden vivir tranquilos su vida Señor?

En mi infinita lejanía me imagino cómo ha debido sentirse tu Padre desde que el hombre se desvió de su camino. Una historia de amor y misericordia infinita junto a una historia continua de agravios y desamor por nuestra parte.

Y para eso viniste a nuestro mundo, para llevarnos de nuevo al camino del que nunca debimos desviarnos. Siempre estas dispuesto a perdonar, a curar, a renovar. Eres la Víctima Santa, inmolada para gloria de tu Padre y bien de todas las almas. Eres el

Jesús que por mí sudó sangre en el Huerto de los Olivos; quien por mí sufrió la condenación de tribunales humanos, el dolor de la Pasión y el martirio cruel de la cruz. Eres quien quiso agonizar y morir por mí y finalmente eres Jesús Resucitado, el vencedor de la muerte, del pecado y del infierno.

Y te encuentras aquí y ahora, junto a nosotros en el Pan de Vida Consagrado, con un Corazón desbordante de ternura, un Corazón que ama infinitamente, un corazón repleto de caridad divina.

Teniéndote aquí me gustaría también tener presente a tu Santísima Madre, Estrella nuestra, Estrella de la mañana. Me gustaría compartir los sentimientos de profunda adoración y de intenso amor que brotaron de su alma desde el primer instante de Tu Encarnación.

CONCLUSION

Ahora ya va siendo hora de continuar con mi camino y antes de marcharme me gustaría unirme a los deseos de tu Sagrado Corazón Divino.

Entre tus deseos Señor, está la salvación de las almas; redimir al mundo mediante el amor, restablecer el Reino del Amor Infinito en toda la tierra. Y para esta gran obra necesitas obreros, obreros que te ayuden en la labor. “La mies es abundante y los obreros pocos” (Lc 10,2)

Señor mío y Dios mio, mira a todos estos tus hijos que andan perdidos en los caminos del error, los que no aman, los que llevan cuentas del mal, los que no perdonan a los que los ofenden, los que no respetan la vida desde su concepción hasta su fin natural y en definitiva los que sirven a los hijos de las tinieblas.

Ten presente asimismo a los que muchas veces sin darse cuenta y creyendo que obran bien han elegido una vida alejada de Ti.

"Perdónalos porque no saben lo que hacen" e ilumínalos para que encuentren el camino de vuelta.

Haz, oh Jesús, que la obra de tu amor responda siempre plenamente a los fines para los cuales la quisiste; haz que se extienda, que se consolide y conquiste a todas las almas perdidas.

¿Y para mí? ¿Qué te pido para mí?

¡¡Cuánta gente viene a verte Señor, para pedirte cosas!!

¿Pero por qué te pedimos cosas Señor, si Tu ya nos lo has dado todo?,

Si lo que queremos es informarte de lo que necesitamos, perdemos el tiempo, no es necesario, pues tu ya lo conoces de sobra, tu ya conoces de sobra todo nuestro interior, todo lo que necesitamos.

No debemos esperar que nos arregles la vida, si no somos nosotros capaces de amar como tu nos amaste, hasta el extremo.

Como decía San Ignacio de Loyola “En todo amar y servir”

Se que tendré todo lo que necesito si soy capaz de seguirte, si soy capaz de mostrar a mis hermanos que amando y perdonando a los demás podremos vivir en Ti para siempre. Fieles a tu enseñanza oramos a tu Padre diciendo:

"Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden"

En palabras de nuestro Arzobispo “El encuentro íntimo con Jesucristo en el sacramento de su cuerpo y de su sangre, que conlleva la comunión de nuestra voluntad y de nuestros sentimientos con los suyos, nos debe impulsar a mirar a nuestros hermanos con los mismos sentimientos de Jesús, con sus mismos ojos y con su mismo corazón, amándolos también “hasta el extremo” como El nos amó (Jn 13,1). La participación en la eucaristía debe impulsarnos, pues, a hacernos, como Jesús, “pan partido” para los demás y, por tanto, a trabajar por un mundo más justo y fraterno.

Ya el Papa Emérito Benedicto XVI nos había dicho:

“La unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que Él se entrega. No puedo tener a Cristo sólo para mí; únicamente puedo pertenecerle en unión con todos los que son suyos o lo serán”. Por ello, la Eucaristía es fuente y al mismo tiempo exigencia de reconciliación, de unidad, de compromiso por la justicia y de empeño constante de los cristianos por transformar las estructuras injustas para restablecer el respeto de la dignidad del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios.

Te doy gracias Señor por el don de estos minutos de intimidad contigo. Te doy gracias, unido a María, tu madre, por toda la gracia que Tu Amor Infinito me reserva aún en el tiempo y en la eternidad.


CONCLUYO SEÑOR CON ESTA ACCION DE GRACIAS

En memoria de un criado agradecido de Alonso de Ledesma.

Hombre, pues vez que has llegado

a Casa de tu Señor, y sabes con el amor

que siempre te ha sustentado,

no te pases descuidado

sin ver Al que te crio.

Porque, qué mozo sirvió

que no entre cuando pasa

a reconocer la Casa y el Pan que en ella comió. 

Al Santísimo Sacramento de José María Zandueta:

Oh divina majestad

que en el Santo Sacramento

sois amor, paz y sustento,

pan vivo de eternidad.

Oh Dios de toda bondad,

danos hoy tu bendición

y haz que nuestro corazón

ante tantas maravillas

caiga a tus pies de rodillas

                                                                                                                   

en perpetua adoración.