CONSEJO GENERAL DE HERMANDADES Y COFRADÍAS  
CORIA DEL RÍO

Exaltación a la Eucaristia 2015

Por Don Antonio Ramírez Rodríguez

Pronunciada en la Parroquia de Santa María de la Estrella de Coria del Río, el Sábado 7 de Junio 2015

 

Hermanos míos en Jesús Sacramentado,


Hermanos todos, porque todos somos hijos de Dios, donde quiera que estemos y además  herederos de su Gloria. 

Mi eterno agradecimiento a D. Antonio Santos, nuestro Párroco y Director Espiritual, al C.G.H.C. y a Juan Manuel Llano por el ofrecimiento de esta Exaltación.

A ti Sebastián gracias por tus palabras tan cálidas y tan llenas de afecto y consideración,  como fruto de la amistad que tienes con mi hijo Antonio y de las que yo tengo con tu padre.

Quisiera, que creáis a mi persona, si en estos momentos, un temor me invade y las dudas son muchas. Pues:

¿Quién soy yo, para este honor, que me honra?

¿Estoy preparado para hablar de Ti? Y en tu Presencia, Señor?.

¿Podré comunicar con claridad lo que el Corpus significa? “Sus esencias y misterios”.

Señor, no debo tenerte miedo, lo sé, como también se, que no soy más que una pieza que Tú has dispuesto.

Pero hablar de Ti, en tu Presencia, me engendra cuanto menos, una negligente osadía.

Por ello, debo y deseo manifestar esta petición:

Rogad hermanos, para que mi cometido y esfuerzo, que también es vuestro, sea agradable a Dios Todopoderoso.

Al establecer Jesucristo el Sacramento de la Eucaristía, claramente nos quiso dar a entender, que quería, que fuese para los hombres el “alimento de vida espiritual”. 

Y, así como las energías del cuerpo son respuestas por el alimento material, del mismo modo,  quiso El Redentor que las energías del alma, se acrecentasen con una infusión de Vida Divina, por medio de la Sagrada Comunión.

Mañana, será la fiesta del Amor, de la sabiduría y del poder infinito de Dios, porque así es la institución de la Eucaristía.

La Eucaristía, misterio de los misterios, que es por decirlo así, el más grande de todos los Sacramentos pues contiene a Cristo mismo; Que es el autor Divino de los Sacramentos y de la misma vida.

Gracias Señor,

Por este regalo Divino

Que nos das

Tú cuerpo,

Tú sangre

Tu alma

Y Tú Divinidad

Perdón Señor

Por tanto odio, indiferencias,

Ingratitudes y ofensas

Vuelva nuestros corazones

Hacia Ti

Y cólmalos de Amor y reverencia.

 

Lo que hoy ensalzamos y mañana celebraremos, tuvo su comienzo la noche del Jueves de Pascuas.

Escuchemos, como el Evangelista relata con sencillez, lo que Jesús con sencillez hizo.

Mientras estaban cenando, tomó Jesús el pan lo bendijo, lo partió y se los dio a sus discípulos diciendo: “Tomad y comed, este es mi cuerpo”.

Y tomando el cáliz, dio gracias, le bendijo y dióselo, diciendo: “Bebed todos de él”. Porque ésta es mi sangre, que será el sello del nuevo Testamento, la cuál será derramada por muchos para la remisión de los pecados.

“Haced ésto en memoria miá”

El jueves posterior a la celebración de la Santísima Trinidad, la Iglesia Católica celebra, el día del Corpus Christi, antes también llamado día del Corpus Domini, y que es solemnizado por la Iglesia en la Eucaristía. 

Su fin es la adoración a la presencia de Jesucristo, con todas sus perfecciones y recordar su memorial.

La Iglesia siempre ha afirmado la presencia real de Jesús en la Eucaristía, y así lo definió en el Concilio de Trento, que dice:

En el Santísimo Sacramentado del altar, se contienen real, verdadera y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre, junto con el alma y la divinidad de Jesucristo.

 

Desde su institución en la última cena, hasta la celebración como fiesta universal de la Iglesia, hubo de transcurrir un largo período de tiempo.

Sin temor a equivocarme mucho, en un tono sentimental e imaginativo pudiéramos decir que el primer Corpus, fue la visita de María llena de gracia a su prima Isabel.

Siguiendo a los historiadores, la festividad del Corpus surge en la Edad Media, en Bélgica en una aldea cercana a la ciudad de Lieja, cuando Juliana de Cornillón años más tarde religiosa y Santa, mueve y promueve hacía 1.208 la idea de celebrar, una festividad en honor al Cuerpo y Sangre de Cristo, en respuesta a unas visiones que con posterioridad les fueron reveladas. 

Pasado unos años, un sacerdote de la ciudad italiana de Bólsena, asaltado y confuso por sus dudas sobre el misterio de la transustanciación en la Eucaristía, decidió peregrinar a Roma, con el propósito de obtener las gracias espirituales para vencerlas.

A su regreso a Bólsena, mientras celebraba misa, en la cripta de Santa Cristina  en el instante de partir la Sagrada Forma, de Ella empezó a brotar sangre, que fue poco a poco empapando el corporal, que, como sabéis, es el paño litúrgico sobre el que se apoya el cáliz y la patena.           

Este corporal todavía  se conserva manchado de sangre, en la Catedral de Orvieto, al norte de Roma.

Como era de esperar, la noticia de este hecho milagroso, se propagó con prontitud y celeridad, dando un impulso definitivo, para su implantación como fiesta litúrgica.

Corría el año 1264, y a finales de agosto, nace o mejor dicho, vé la luz la “Bula Transiturum de Hoc Mundo” promulgada por el Papa Urbano IV, por la que se instauraba en todo el orbe católico la festividad del Corpus Christi.

Aquella proclama decía: “Cante la Fe, dance la Esperanza y salte de gozo la Caridad”.

           

Es anecdótico y no menos curioso, que unos tres años antes, se había establecido en Sevilla la institución de los Niños de Coro, según los archivos del Arzobispo Don Remondo, y que sería por así decirlo, la semilla precursora de los actuales Seises. Aún hoy es cantada por estos, la canción que dice:

A este Dios que la fe manifiesta

Hagámosle fiesta.

Al que amamos con tierno alborozo

Celébrele el gozo.

Al que es norte de nuestra Esperanza

Festejo la danza.

Pues son, al Pan vivo que amamos rendido,

La danza, el festejo y gozo debidos.

Porque poderoso su amor a su culto afianza,

Nuestra fe, caridad y esperanza.

 

No sería arriesgado suponer que, cuando la noticia de promulgación de la Bula llegó a nuestro pueblo, la Coria de entonces, quizás más preocupada, en como paliar los rigores de estas fechas, no supo calibrar en su justa medida, lo que aquello iba a suponer para nuestro pueblo, que sigue dedicando un día al año al Sumo Hacedor, para pasearlo por sus calles y plazas engalanadas, a fin de que su feligresía y todas sus gentes, puedan venerar y contemplar, como lo instituido en aquella última cena, no fue casual, mi terminada a raíz de empezar, sino que nunca ha dejado, ni nunca dejará de ser, de celebrarse y, lo que es más importante, sentirse en el alma de Coria, en el corazón de los corianos y en los sueños y alegrías de nuestros hijos.

 

¡Dios hoy en Coria, con nosotros! ¡Y nosotros con él!.

 Quizas sea esta la frase que mejor dibuje la percepción que, sobre la festividad del Corpus, reproduce el entendimiento de mi niñez.

Hurgando entre preguntas y recuerdos. Mi primer encuentro con este día, pudiera ser aquel año de 1.952 en el que mi padre tomó la vara de Hermano Mayor, para representar a la Hermandad del Rocío en la siguiente romería. Quedó grabado en mi memoria y en la de muchos corianos aquella cordial y entrañable costumbre, de una vez finalizada la procesión del Corpus el Hermano Mayor entrante, como decimos los rocieros ofrecía un convite abierto a todos, en gesto de agradecimiento, buena voluntad y suerte. Aunque el año que empecé a tener un contacto más íntimo y personal con la celebración fue el de mi primera comunión.

Aquél día del Corpus, que entonces se celebraba el Jueves, y  una vez acabados con los últimos retoques que todas las madres dan a sus hijos,  en  este día tan especial para todos, salí de mi casa, vestido de comunión, acompañado de mis padres.

Las calles estaban cubiertas de una alfombra de romero recién cortado, como signo de distinción real que más tarde pisará su Divina Majestad. Oíamos los ecos lejanos de la flauta y el tamboril, entremezclados con los fuertes y destemplados tronares de los cohetes que en su estallido bordaban de luces el cielo de este luminoso Jueves que reluce más que el sol.

En la recoleta y emblemática Plaza de Ntra. Sra. de la Estrella, encontré y advertí un ambiente alegre, animado y sencillo, pero a su vez se intuía, un aura de respeto y solemnidad.

En el aire se palpaba, se barruntaba en el aire que lo que íbamos a vivir y participar iba a ser un acto litúrgico, de un elevado y gran contenido religioso.

A mi cara de curiosidad y asombro, mi padre me dijo, para que lo entendiese:

“Pronto saldrá Dios a la plaza para estar entre nosotros”, estará tan cerca que lo podrás casi tocar”.

El quiere oír nuestros rezos y peticiones. 

Alguien dijo y es verdad, que la procesión del Corpus, es un compendio, un resumen de la historia de la Iglesia, que sale a la calle sólo y únicamente en razón de la Eucaristía.

Las puertas de la Parroquia abiertas, de par en par, era el bello pórtico de salida a la solemnidad.           

La Cruz Parroquial abre la procesión del Corpus y detrás de ella, aparecen los primeros feligreses que entre oraciones y cantos litúrgicos nos inician y marcan el ambiente solemne del cortejo.

Como confirmación pública de nuestra reciente Primera Comunión, y haciéndonos ecos de aquellas palabras pronunciadas por Jesús: “Dejad que los niños se acerquen a mí, porque de ellos es el Reino de los Cielos”.

Andábamos sorteando con travesura el romero, alegres y ufanos, con nuestro librito de comunión en la mano, rezando y tatareando el Pangue Lingua y otros cantos en latín que apenas entendíamos.

Prosigue la procesión, con la presencia de las Asociaciones Parroquiales y Hermandades, que portaban con el mayor decoro y respeto sus varas e insignias de mayor relevancia y significado.

La Adoración Nocturna, no cabe de gozo, en este día tan especial y de tanto significado para ellos. 

El Adorador Eucarístico es como una antorcha llameante en esta época de oscuridad.

Visitando y acercándose a Dios con frecuencia en el Sagrario, en soledad y silencio.  “Sólo frente a Él, para saborear su amor y dulzura al mismo tiempo que venerarlo”


Adoradores:

Decidle a todos,

 Que vengan a la fuente de la vida,

 Donde nadie está excluido

Y siempre serán escuchados.

Decidle que hay esperanza,

Que todo tiene sentido,

Que Jesucristo está vivo,

Decidles que en la Eucaristía

Les espera Dios.

Por último, delante de la Custodia,  las autoridades y... hoy en día, el Consejo de Hermandades y Cofradías. 

Y detrás, tal y como correspondía al ritual, acompañaban el palio de respeto y las autoridades eclesiásticas que cerraban tan magna celebración.

El tañido de las campanas de nuestra torre más esbelta y emblemática, nos anuncia y pregona que Jesús Sacramentado va a salir y viene a nuestro encuentro.

Los afortunados costaleros, sabedores de que sobre sus hombros llevan al Amor de los Amores y toda la historia de la Iglesia, van acercando, de una manera tímida, sencilla y casi imperceptible, ¡pero eso sí!, con un dulce paso, lleno de cadencia y ritmo inusuales la Custodia a la puerta.

Ahora podemos apreciar esta entrañable obra de orfebrería neoclasica, plateada y de forma piramidal hecha en 1.859, orgullo de los corianos que fue realizada en una orfebrería de Sevilla, que había en la calle Génova, para sustituir a la anterior en madera dorada.

Las campanas evocan un repique de siglos, que se propaga por el aire de Coria, invitándonos con su bronceado acento a la oración; y el viejo Guadalquivir tan adornado de poesías, de suspiros, y de coplas goza al saberlo.

Es un momento sublime y de gran fervor, donde se  amalgaman y funden en un mismo crisol ... los sones de la Banda Municipal, los rezos y peticiones, con los himnos y cantos propios de la liturgia del día.

Oíamos cantar, casi ininterrumpidamente:


De rodillas Señor ante el Sagrario...

Corazón divino dulce cual la miel...

Cantemos al Amor de los amores...

Cristo en todas las almas y en el mundo la Paz...

 

Hostia Pura

Hostia Santa

Hostia Inmaculada,

Seas por siempre Bendita y Alabada

 

Me maravilló y enterneció que al paso de Jesús Sacramentado, todos los fieles y asistentes se arrodillaban en silencio, con devoción y respeto.        

¡Arrodillarse!, no es sólo una postura o movimiento del cuerpo. ¡En este momento, es ante todo, el gesto y actitud del Espíritu, que espera con Fe y pobreza, que Dios hable a nuestros corazones!.

Oí decir en cierta ocasión: Nunca el hombre lo es tanto, como cuando se arrodilla ante la presencia de Dios.

Al pasear por nuestro pueblo, la Custodia  con  prudente y exquisita delicadeza va anunciando su presencia, con el claro, dulce y fino tintineo de sus campanillas ... y su Divina Majestad irá pisando el romero verde que alfombran nuestras calles, que desde la noche anterior se han embellecido con cariño, ternura y cercanía.

Los vecinos ponen sus colgaduras en los balcones, y hermosean  sus puertas, con las flores más bonitas y cuidadas de sus patios.

Y, Coria se llenará de altares por un día, como un templo abierto al cielo, para ofrecérselo, de esta manera tan singular, al Divino Redentor.

Llegan vagamente, al desván de mi memoria, pues dudo sí lo vi o me lo contaron dos recuerdos que muchos de ustedes añorareis con cierta nostalgia:

Uno de ellos era aquella vieja costumbre de trasladar por las calles, de altar en altar, el melodio ó armoniun, que todavía es usado en la Ermita del Señor San Juan; para que D. Gregorio “El Ciego” pusiese música sacra, a los cantos del Coro Parroquial.

El segundo era,el altar dedicado a la Virgen del Rosario, que estaba colocado en la fachada de la calle Larga, en la casa que hace esquina con la Calle de los Padres, cuya Hermandad, fue una de la grandes devociones de nuestro pueblo y que en tiempos pasados salía en procesión al igual que otras imágenes en la festividad del Corpus Christi.

Cuando contemplamos y meditamos satisfecho, y a la vez nostálgicos, la Sagrada Forma en el momento previo a su recogida, ¡en ese instante! se hace  visible el Amor de Dios a Coria y el Amor de Coria a Dios, en una coligación maravillosa, pletórica de religiosidad y devoción, que además, nunca pasará: Porque cuando venga el Reino de Dios, lo único que permanecerá, será el Amor: Y ese amor se nos da de forma abundante y arrolladora en la Eucaristía.

De ahí que tengamos que ver a Dios, no sólo en el Pan o en el Vino, sino fundamentalmente en los demás, porque así lo quiso Él.

Son esclarecedoras las actualizadas palabras de nuestro Papa Francisco cuando nos dice:

En la Eucaristía el Señor nos hace recorrer su camino, el del servicio, el de compartir, el del don ... y lo poco que tenemos, lo poco que somos ... si se comparte se convierte en riqueza, porque el poder de Dios, que es el del Amor, desciende sobre nuestra pobreza para transformarla.

Coria se duerme esta noche como un niño el día de la cabalgata con un sueño intranquilo e inquieto.

Cuando despierte mañana, su ilusión sera inmensa y exorbitante al sentirse un año más con el regalo de Dios en sus calles.

Y, termino con un poema de Antonio Murciano al Corpus Christi en 1929.

Todo fue así, tu voz, tu dulce aliento

sobre un trozo de pan que bendijiste

que en humildad partiste y repartiste

haciendo despedida y testamento.

 

“Así mi cuerpo os doy como alimento”

¡Qué prodigio de Amor!

Porque quisiste

diste tu carne al pan  y te nos diste,

Dios, en el trigo para el sacramento.

 

Y te quedaste aquí, patena viva,

virgen alondra que le nace al alba

de vuelo siempre y sin cesar cautiva.

 

Hostia de nieve, nube, nardo, fuente,

gota de luna que ilumina y salva.

Y todo ocurrió así, sencillamente.

 

Sencillamente, como el ave cuando

inaugura, de un vuelo, la mañana,

Sencillamente, como la fontana

canta en el roca, agua de luz manando.

 

Sencillamente, como cuando ando,

como cuando andabas la besana,

cuando calmabas sed samaritana

cuando te nos morías perdonando.

 

¡Sencillamente. Hora de paz!

Que leves  tus manos para el pan, para el amigo!

Cena de doce y Dios.

 Noche de Jueves.

 

Y era en Jerusalém la primavera

Y era blanco milagro ya aquél trigo.

Sencillamente: “Este es mi cuerpo.

                                                                                                                                                                                                                                        

Y era...