CONSEJO GENERAL DE HERMANDADES Y COFRADÍAS  
CORIA DEL RÍO

Exaltación a la Eucaristía 2016

Por Don Jorge Antonio Rodríguez Gómez

Pronunciada en la Parroquia de Santa María de la Estrella de Coria del Río, el Sábado 28 de Mayo 2016


Antes de comenzar este momento de oración, me siento de alguna forma, en la necesidad de agradecer al consejo de hermandades y a su presidente Sebastián Ortega, la confianza puesta en mi persona, para este acto, he de deciros que por supuesto como miembro de esta comunidad de Santa María de la Estrella, es para mí un orgullo, dirigir este momento de oración a Jesús Eucaristía, y es un honor poner mis palabras y mi voz al servicio de tan grandiosa causa.

Agradecer también el cariño y confianza de nuestro párroco D. Antonio Santos, brindándome esta oportunidad de expresar mi sentimiento, para con este misterio eucarístico.

Quiero Invitar a la oración a toda la comunidad parroquial que me acompañáis en esta acto sencillo, esperando que mi reflexión en voz alta, sea reflejo de ese sentimiento de fe y amor, que sin duda compartís, para con el Amor de los amores.

Por último a mis compañeros y amigos, que tantas veces habéis prestado vuestra música y vuestra voz, para engrandecer más si cabe las celebraciones en este templo, pediros que disfrutéis de este momento cercano, sabiendo que con vuestra participación, tenemos asegurado ese orar dos veces del que su plegaria la hace cantando.

Nos pondremos frente a tu presencia y será tu figura la que me baste para sentirme como un niño en brazos de su madre.

ME BASTA TU PRESENCIA Y TU FIGURA. (1)

Me basta tu presencia y tú figura,

Me basta tu presencia y tú figura,

Me basta tu presencia, me basta tu presencia,

Me basta tu presencia y tú figura.

Máteme tu vista y hermosura, máteme tu vista y hermosura.

Mira que la dolencia de amor ya no se cura,

Si no es con la presencia y la figura.

 

ORACIÓN DE PRESENTACIÓN AL SANTÍSIMO.

Señor mío y Dios mío, me presento ante ti, con el sencillo propósito de tener un rato de oración sincera. Vivir unos minutos de intimidad ante tu presencia. Aprovechar esta oportunidad, ocasión, que mis hermanos me han brindado y que yo aún consciente de mis limitaciones, quiero compartir con todos los que hemos sentido tu llamada, hacia este encuentro.

Encuentro frente a frente con el amor, Amor con mayúsculas, porque es Amor de entrega, Amor de Padre, de un padre bueno. Yo he tenido la suerte de saber lo que significa esta comparación.

Amor del hijo ansioso de tu palabra.

Amor de Cruz, Amor de Sacrificio, Amor de Dios hecho Hombre, Amor de Dios convertido alimento.

Alimento sí alimento.

Alimento el más básico de los alimentos, el mismo que no debe faltar en la mesa de ninguno de tus hijos.

Alimento fruto del esfuerzo, amasado con las manos. Con esas manos que durante la celebración eucarística, hacen de este humilde manjar, tu cuerpo visible.

Que al igual que tomaste forma humana, también en cada Eucaristía, gozamos de tu presencia encarnada en las especies del vino y el pan.

Ese Pan, sustento anhelado por nosotros tus hijos, ese Pan verdadero regalo, de tu gracia en cada encuentro, maná de nuestro desierto diario, autentico banquete de celebración perpetua.

Y tu sangre es vino, ese vino que saboree nuestro paladar y endulce nuestra lengua. Paladar lleno de sinsabores y lengua poco dada a confortar al hermano con palabras amables.

“Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mi y yo en él”.

 

QUIÉN COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE PERMANECE EN MÍ Y YO EN ÉL. (2)

Cristo a la vida entregado,

Cristo el Cordero fiel,

Abrazo a la muerte anunciada,

Refugio del hombre con fe.

 

Espiga por el sol dorada

Vino que calma mi sed,

Apoyo de mi Iglesia amada,

Presencia anunciada por Él.

 

Misterio del pan hecho carne,

Milagro de la salvación,

Palabras del último encuentro,

Que entregan al hombre tu amor.

 

Espero permanecer en ti. Porque sé que tú, permanecerás en mi. Espero servir de sagrario Vivo. Deseo abrazar tu nueva alianza.

Alianza que es tu sacrificio en la cruz hecho presente en el pan y el vino.

Sacrificio que se hace vivo, cada vez que nos acercamos a recibir tu cuerpo y sangre, en la celebración eucarística.

Hoy a nosotros tus hijos, nos es más fácil creer cualquier invento televisivo que tu presencia viva en las especies, somos más receptivos a lo último de los cambiantes e interesados medios, que a tu verdad bañada de sangre, sufrimiento y muerte en cruz y aún más doloroso, nos cuesta ver tu presencia viva, tu exultante resurrección, tu rostro en los que sufren, tu mano en el hermano.

¿Dónde está mi fe? ¿Dónde nuestra fe?

Es curioso lo de estos días y es que preparando este encuentro de amor, me he tenido que enfrentar a mis dudas. He tenido que poner en jaque mi fe. Está claro que ante este reto de estar aquí hoy, mi temor no era ponerme ante el atril, delante del micro representando a mis hermanos, mi temor era aceptar tu presencia. Mi temor era reconocer públicamente la debilidad de mi fe.

Es por eso que tengo que agradecerte este cara a cara. Cuando te miro a los ojos Señor, sólo me queda la desnudez, la imposibilidad de parecer lo que no soy, frente a ti no vale el aparentar, aquí no vale el postureo, no es posible aquí enmascarar mi cobardía.

Cuando dudo de ti Señor, tú ya sabes que lo haré. 

Como Tomás necesito hundir mis manos en tu costado, examinar las llagas en las tuyas. Cuantas veces suena esa pregunta que me atenaza, que me hace agachar la cabeza.

“¿ No eres tú uno de los discípulos de ese hombre?”

Igual que a Pedro, hoy esta pregunta se me plantea en cada esquina de este mundo en el que vivo, las de mis calles cercanas y las no tan cercanas, pero interconectadas por aquello de las nuevas tecnologías.

Mañana, Cuando te acompañamos por las calles de nuestro pueblo, cuando nos sentimos parte de tu banquete eterno, estaremos afirmando de forma decidida:

Sí, yo soy discípulo de ese hombre.

“Hacen falta sí en el mundo, hacen faltas sí, al amor” cantábamos en aquella canción, cuando nos disponíamos a recibir tu cuerpo por primera vez, como aquel “si en verdad hoy es fiesta, da las palmas, si en verdad hoy es fiesta demuéstralo en tu vida… “, de eso trata, este sí a dejarse nombrar pescador.

Te quiero dar gracias, por los testimonios que día a día nos impulsan a decir con fuerza, que somos de los tuyos.


TESTIMONIO:

El 16 del pasado mes de abril en Ecuador, se produjo un terremoto devastador, que se llevó la vida de al menos 262 personas.

En la localidad de Playa Prieta a 200 km de Guayaquil, se encuentra la comunidad de las Siervas del Hogar de la Madre y su Madre Superiora es la española Estela Morales de 40 años.

El día del terremoto ella y otras diez religiosas quedaron atrapadas bajo los escombros de la comunidad, que se ubicaban en la segunda planta del colegio que administraban.

Al enterarse de su situación las otras comunidades de España, Italia y Estados Unidos, comenzaron vigilias de oración ante el Santísimo.

Los vecinos rescataron a una compañera irlandesa y después oyeron entre los escombros la voz de la hermana Estela, quien sufrió fractura del pie, moretones y magulladuras.

“Al sentir el impacto del temblor, la hermana Estela salió corriendo hacia la capilla para rescatar al Santísimo Sacramento, cuando ya tenía al Señor entre sus manos, todo se desplomó a su alrededor, cayendo hasta el piso inferior. Ella había pensado en rescatar al Señor, antes que su propia vida, y el Señor la rescató a ella, de esto estamos seguras” cuentan sus compañeras de congregación.

Otras hermanas perecieron en la brutal sacudida, mientras algunas de las atrapadas en los escombros de lo que hasta ese momento había sido su lugar de evangelización, se animaban entre sí rezando y cantando al Señor, mientras sentía el sofoco por la falta de oxígeno.

En busca de Emaús. (3)

Sí, soy uno de sus discípulos, sí soy uno de sus discípulos,

Sí, he cenado con Él, he compartido el pan,

He besado sus manos, esas manos.

Sí, sale de mis labios su nombre,

sí sale de mis labios su nombre,

sí, sigo los pasos de Él, me enamoró su paz,

me conquistó su fuerza, su fuerza.

SOY DE LOS QUE ENCUENTRA EN ÉL,

UNA RAZÓN DE AMAR,

DE LOS QUE AL CAMINAR EN BUSCA DE EMAÚS,

LO RECONOCERÁ AL PARTIR EL PAN

Sí, soy de los que alejan su barca,

Sí, soy de los que alejan su barca,

Sí, de los que en alta mar, dudan al caminar.

Descalzo sobre el agua, el agua.

Sí, soy de devolver mis redes,

Sí, soy de los que devuelven las redes al mar,

Para una pesca mayor confío en el Señor,

Tengo fe en su palabra, su palabra.

 

Es para mí un fortalecimiento de Fe acompañarte por las calles de nuestro pueblo. Son esas mañanas de corpus perfumadas de romero, un testimonio de lo auténtico.

Un testimonio; Acompañar tu paso de caminar pausado, entre casas engalanadas con sus balcones cubiertos con colchas o telas rojas y las calles regadas de macetas, todo para decir con determinación, que es el Amor de los Amores, el que sale a nuestro encuentro.

Allí en cada portal lo esperan las abuelas de cada familia, parece que estoy viendo a Mama Clotilde entre sus macetas de helechos.

Allí esperan su paso, los que su incapacidad física les impide ir más allá del umbral de su vivienda, esperan su transitar casi en silencio, a veces acompañado por los cantos, que se apoyan en los sones de la banda municipal.

Acompañarte hasta los distintos altares más o menos improvisados, con los que cada casa quiere mostrarte su adoración y lealtad.

También a los de cada una de nuestras hermandades, que son cada vez más elaborados y gozan de mayor belleza, se nota en cada uno, el afán por poner lo mejor para tan preciada ocasión.

En esta experiencia de corpus, he tenido la dicha de portar tu palio, símbolo con el que los fieles distinguimos la presencia de tu cuerpo transformado en el más sencillo y básico de los alimentos.

He tenido la suerte de hacerlo junto a muchos testigos de este milagro eucarístico, muchos ya gozan de tu eternidad prometida, se me vienen a la mente Riojita, Paco Domínguez, Abelardo y también muchos otros. Ellos hacen patente esa dimensión escatológica de la celebración eucarística, una comunidad que trasciende lo temporal y lo terrenal, que tiene lugar a la vez en todos los sitios y en todos los tiempos, esa común unión que se produce con todos los que nos sentimos interpelados por ti.

“La Iglesia es celebración de la Eucaristía y la Eucaristía es Iglesia, no es que marchen juntos, es que son lo mismo”

Así define nuestro papa emérito, Benedicto XVI lo que es la iglesia para la Eucaristía y la Eucaristía para la iglesia.

Es la Eucaristía el contenido y la Iglesia la vasija que lo mantiene.

 “Vino para ser servido¨. (4)

No nace para contenerlo el vino y su contenido,

necesita de un cacharro para poder consumirlo.

La Iglesia es la vasija del vino-sangre de Cristo,

que quiso fuese de barro y de él, su signo vivo.

Conservarlo, ha preocupado ¡tanto! que lo ha retenido

y el corazón de los hombres, sin vino, se ha podrido.

Y lo que debiera ser el banquete de Dios vivo

es causa de gran dolor en el alma de sus hijos.

VINO PARA SER, VINO PARA SER,

VINO PARA SER BEBIDO.

Allí donde menos se espera que nazca un signo distinto,

aparece el vino nuevo que sacia a todo ser vivo.

Surge la vida olvidada que nos llama a ser servicio,

al igual que hizo él cuando nos dijo: ¡Sed vino!

Reventad los odres viejos que el tiempo ha construido,

seamos los odres nuevos que Jesús vino a decirnos.

Bebamos la vida nueva que nos trae el nuevo vino,

y no andaremos a oscuras ¡jamás! en ningún camino.


Estos días hemos preparado tu paso, tu custodia, tus flores, tus altares, preparación que también está teniendo lugar al mismo tiempo en esa comunidad eterna, porque la eucaristía que cada día celebramos no es sino el anticipo de aquella que gozaremos en el encuentro final, “ Con verdaderas ansias he deseado comer esta pascua con vosotros antes de padecer, porque os digo que ya no comeré hasta que alcance su cumplimiento en el reino de los cielos”, son tus palabras Señor las que a través de San Lucas nos enseña ese caminar hacia la plenitud salvífica del sacrificio en el fin de los tiempos.

Dolores, loli, Carmen, Antonio… hablar de corpus, de altares, del paso del SantÍsimo y de tantos trabajos hechos con amor para exaltar a Jesús Sacramentado y no acordarme de vuestro Pepe … de vuestro y nuestro Pepe , es tarea imposible . Este año siento la nostalgia de no ayudar a Pepe Bohórquez, en el montaje de tu paso, pero estoy seguro y eso me conforta, que le tienes un cometido más acorde si cabe a  su entrega desinteresada y oculta, este año ha sido más difícil encontrar esos tornillos que sólo él sabia guardar, igual que lo hacía con todos los elementos del belén, bombillas , focos, papel, alfileres, paja, fregadero para el río, que mal lo vamos a pasar sin su ayuda, igual que a su familia le están siendo difíciles estos meses, sin su risa y sin sus besos, gracias Pepe, lo tuyo de todos estos años, si que ha sido una exaltación, una exaltación callada y anónima. Tenlo en tu gloria Señor.

Encarnación en el prójimo.

Cuando dedicamos cada año nuestro tiempo en estos detalles, que aparentemente son sólo externos, nos ayudamos entre nosotros a reconocerte en cada momento celebrativo.

Nos ayudamos dentro de nuestra capacidad limitada y a veces distraída, a ponerte en el centro de nuestra vida.

Necesitamos de cada símbolo, de cada canto, de cada procesión claustral, de cada manifiesto presencial en el pan, para saber reconocerte en el encuentro diario, con tus distintas manifestaciones en nuestro mundo.

En el Hermano de ahí al lado, vecino, compañero de trabajo, de clase, de hermandad, de grupo, de comunidad… ahí estás Tú.

En el Padre, la madre, el hermano, el abuelo, la abuela, en la familia…

Ahí está tu presencia Jesús.

En el enfermo, el impedido, el que vive mermado por sus limitaciones físicas… ahí estás tú, necesitado de nuestras fuerzas para sacarte del dolor. El pobre, el parado, el encarcelado, el apartado, el refugiado…

Ese eres Tú en carne y huesos y ahí se encuentra la prueba de nuestro amor a Ti.

 “Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero y me alojasteis; estaba desnudo y me vestisteis; en la cárcel y fuisteis a verme. Entonces le responderán los justos: Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento y te alimentamos; sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te alojamos y desnudo y te vestimos?

¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?  Y el rey responderá:

Os aseguro que cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis.” (5).

Es en esta disyuntiva donde radica la verdadera exigencia de nuestro amor: ¿De qué me vale Señor acercarme a Ti hoy, en actitud orante, si mis manos no te sirven en cada uno de los hermanos en los que se encarna tu ser?

¿De qué sirve mi proclama en este templo, si ya a su salida reniego de ese Cristo Vivo que espera el evangelio de las obras?

¡Ayúdame a reconocerte en el hermano!

 

EL REGALO DEL MISTERIO EUCARÍSTICO.

Este regalo que nos das, cada vez que nos acercamos a tu encuentro. Esta suerte de hacernos participe del sacrificio de la nueva alianza. Esta posibilidad que los fieles hemos tenido desde el principio del cristianismo, celebrando esta fiesta cada Domingo y posteriormente cada día.

Este alimento común al que tenemos acceso todos los que seguimos tus palabras, dice San Agustín “Equivale a comenzar a tener vida”.

“Yo soy el Pan de Vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.”

En el evangelio de Juan, nos deja claro donde tenemos que buscar tu fuerza, dónde buscar saciar nuestra hambre y sed, porque es ahí y sólo ahí donde encontraremos respuesta a cada necesidad.

Por mucho que nos ayudemos con distintas devociones, con representaciones que nos ilustran sobre tu ser… la única forma de encontrar tu presencia real, está aquí en la Eucaristía, búsqueda que por otra parte quedará infructuosa, si no nos acercamos con el corazón limpio, con el perdón y reconocimiento del hermano. Al que hemos sabido también acompañar en su peregrinar particular.

 

TOMAD Y COMED. (6)

Tomad y comed esto es mi cuerpo,

Que será entregado por vosotros.

Tomad y bebed, todos de él

Porque este es el cáliz de mi sangre,

Sangre de la alianza nueva y eterna

Que será derramada por vosotros

Para el perdón de los pecados,

Haced esto en memoria mía.


 

EL PRIMER JUEVES SANTO.

“Mientras cenaban, Jesús tomo el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a los discípulos, diciendo:

-Tomad y comed; esto es mi cuerpo.

Tomó luego la copa, y después de dar gracias, se la dio diciendo:

-Bebed todos de ella, porque ésta es mi sangre, la sangre de la alianza, que se derrama por todos para el perdón de los pecados.”

Primer jueves Santo de la historia, primera eucaristía de la historia, en tu última cena pascual, nos regalaste el sacramento más preciado, una segunda encarnación, pero esta vez en un trozo de pan y una copa de vino.

Instauración del encuentro festivo que es para nosotros la Santa Misa, excusa semanal para unos y diaria para otros, de conmemorar tu sacrificio redentor crucificado en cruz.

También momento para encontrarnos y retroalimentarnos en la Fe, todos los que nos llamamos seguidores tuyos.

Es por ello que cada Jueves santo, permaneces en el monumento, esperando de nuestro acercamiento y ruegos, una antigua tradición esta, que se remonta a principios del siglo XIII.

Es para mí como nazareno y hermano de la hermandad de Vera-Cruz, un momento profundo de adoración, el postrarme con mi hábito de penitente del cerro, ante la certeza de tu presencia, el mismo día que mostramos tu imagen clavada en cruz, esa cruz que adoramos como única forma de salvación, cada viernes santo, cruz a la que exaltamos en septiembre y que sacamos este mes de mayo a las calles, colocándola también en las plazas, para celebrar el signo que nos identifica y que tantas veces colgamos en nuestro pecho, para señalar que somos de los tuyos .

Quiero terminar esta oración ofreciendo mis manos a tu servicio y agradeciéndote este don de la fe que me has dado gratuitamente, lo quiero hacer dentro del carisma que me entregaste para servir a esta comunidad de la estrella, con una oración catada desde el sentimiento que me produce estar esta noche frente a ti.

TU CUERPO MI ALIMENTO

Tu cuerpo, mi alimento. Tu fuerza, mi sustento

Tu grandeza y mi miedo. Señor, Señor.

Tu abrazo y mi ruego. Tu sonrisa, mi te quiero

Tu esperanza mi lamento. Señor, Señor.

OH SEÑOR, TE ALABARÉ

Y ANTE TU CUERPO ME POSTRARÉ.

Tus manos compartiendo el fruto del esfuerzo

Que a ninguno de tus hijos, debe faltar

Tu sangre como vino, tu muerte, el destino.

Tu cuerpo dividido, para el hombre perdonar.

Mi tibieza, tu firmeza, mi mentira, tu certeza

Yo cobarde, tú te entregas, Señor, Señor.

Tú sencillo, yo soberbio, Tú discreto y yo mi ego,

Tú en tu cruz, yo te niego.

                                                                                                                                                                                          

Mi pan mi amor. 

Notas:

(1).-  Manuel M. Quezada S.

(2).- Jorge A. Rodríguez Gómez

(3).- Jorge A. Rodríguez Gómez

(4).- Brotes de Olivo

(5).- Mt. 25, 36-40

(6).- Jorge Antonio Rodríguez Gómez