CONSEJO GENERAL DE HERMANDADES Y COFRADÍAS  
CORIA DEL RÍO

La Celebración de la Antigua Semana Santa en Coria del Río 

Una visión desde el siglo XVII

Por Francisco José Barragán de la Rosa

 

Por su proximidad con Sevilla y vinculación de Coria con la misma a través de las actividades marineras, podemos suponer sin temor a errar que el desarrollo de los cultos de Semana Santa en Coria guardaban un paralelismo acusado con los celebrados en Sevilla, salvando las distancias de escala pues el número reducido de habitantes de nuestra villa no permitía alcanzar el nivel de desarrollo que poseía la Semana Santa de la capital. Con este artículo pretendemos hacernos una idea del desarrollo del culto religioso y procesional que se hacía en nuestra villa a comienzos del s. XVII en que existían al menos tres hermandades penitenciales: la de la Veracruz, la del Cristo Nazareno y de La Soledad y Santo Entierro. En mi opinión es probable que también existiera otra hermandad con la Virgen sóla la Virgen del Mayor Dolor o de los Dolores, cuya procesión según mi opinión se desarrollaba en paralelo a la del Cristo Nazareno o Cristo con la Cruz a Cuestas (1).

En muchos casos las cofradías en especial en las ciudades estaban ligadas a órdenes religiosas como dominicos, franciscanos, agustinos, mercedarios y trinitarios. En su origen estas cofradías llevaban en sus procesiones un número reducido de hermanos que portaban velas (los hermanos de luz) o bien se disciplinaban en público (los hermanos de sangre), además de lo que en aquel entonces se denominaban urnas, que no eran otra cosa que pequeños pasos en las que se portaba a las imágenes a las que rendía culto la corporación: una representación de Cristo en algún momento de su Pasión, o la Virgen Dolorosa.

En la Edad Media, sólo se sacaban en procesión las reliquias, las imágenes lo hacen en el XVI, si bien es cierto, que en Sevilla existen procesiones en las que un Crucifijo es portado en mano. Así pudo ocurrir en la cofradía de la Vera Cruz, del convento de San Francisco, desde 1468. Precisamente se puede afirmar que la primera cofradía es la de la Vera Cruz, que da culto a la reliquia de la Verdadera Cruz, reliquia que pudieron traer los franciscanos, fundadores de la cofradía. Esta cofradía se menciona ya en 1448, año y presenta unas reglas que se aprobarán en 1501. Esta cofradía con el tiempo evolucionó desde la primitiva Glorificación de la Cruz y de su reliquia, hasta convertirse en una auténtica cofradía de Semana Santa o de Pasión. Esto sucedió posiblemente cuando las cofradías de la Santa Vera Cruz, se vieron influenciadas, contagiadas y unidas a las de la Sangre de Cristo, con lo cual el motivo de su culto medieval cambia su sentido.

La mayor parte de las cofradías en el ámbito de Sevilla se erigen y principian a realizar la estación de penitencia en la segunda parte del siglo XVI. Por lo que es probable que se institucionalizasen en Coria con unos 50 años de retraso. El siglo XVI es el siglo de la fundación de las cofradías en torno al Crucificado, su Sangre, y los Misterios de su Pasión y Muerte de manera que los siglos siguientes vivirán para mantener aquella gran explosión de cofradías penitenciales, cuya vida se prolongará por la influencia de diferentes motivos internos y externos a la misma religiosidad. Los siglos XVII y XVIII son los momentos en que las cofradías del Nazareno toman un auge, y se fundan muchas de ellas o se renuevan. Prueba de ello es la proliferación de imágenes de Nazarenos como las producidas en Sevilla por el Taller de Pedro Roldán entre las que se encuentra el Cristo Nazareno de Coria tallado en torno a 1650, que en mi opinión es una nueva imagen para la antigua cofradía del Cristo Nazareno que ya existía en esas fechas .

El Concilio de Trento, que se celebró entre 1545 y 1563, recomienda la estación pública de penitencia, exponiendo las ventajas que se derivan del culto a las imágenes, verdadera efigie de Jesús y de su madre y piensa que estas imágenes deben salir a la calle para que el que por su voluntad no entra en la iglesia, al encontrarse con ellas en la calle piense en el momento de la Pasión de Nuestro Señor que esta imagen representa. El Concilio y su legislación de desarrollo intentó controlar la representación de la Pasión a través de una reglamentación que la jerarquía debía sancionar procurando asegurar el decoro de las imágenes y de cortejo procesional. Con la reglamentación de las procesiones, se iba a institucionalizar la fiesta y la devoción popular. De esa manera, las cofradías se dividieron en penitenciales o de luz. Las primeras podían ser, además, de sangre o de disciplina, entroncaban con las procesiones medievales y pretendían promover el culto y la contemplación de la pasión de Cristo.

Para explicar la proliferación espectacular de hermandades de penitencia en la segunda mitad del siglo XVI no podemos olvidar que el protestantismo de la época había discutido el valor de las imágenes sagradas y el fundamental papel que desempeñaron los sermones y los predicadores. El sermón público fue el instrumento que utilizaron tantos los reformistas luteranos como los contrarreformistas católicos para difundir sus ideas. Entre los predicadores de la época en Sevilla debemos citar al beato Juan de Avila y Fernando de Contreras. En fondo de los sermones públicos pronunciados durante la cuaresma la cuestión pivotaba sobre la necesidad de espiar los propios pecados, a los que se les imputaba las calamidades naturales (huracanes, peste, sequías...) en la mentalidad de la época. Pero no menos significado religioso popular tenía los sermones pronunciados por el sacerdote en consonancia al desarrollo de una procesión como representación del misterio del valor salvífico de la pasión de Cristo.

Puestos ya en antecedentes de la religiosidad popular, el significado de las cofradías y el valor de las procesiones tras el Concilio de Trento, vamos a describir la sucesión de acontecimientos religiosos que tenían lugar en Coria en los días de la Semana santa en el s. XVII. El día por excelencia de la celebración de las procesiones de Semana Santa a principios del s. XVII era el Viernes de la Cruz que era como se conocía en esa época al Viernes Santo, pues en esencia se trataba de sincronizar los acontecimientos de la pasión de Jesús reflejado en tres escenas principales que son las que se conservaron en muchos pueblos como Coria. Estas escenas son el camino de Jesús hacia su ajusticiamiento con su cruz a cuesta, su crucifixión en el Calvario, y el descendimiento de la cruz y su entierro. Por tanto Tres figuras de Jesús representaban principalmente esos momentos: El Nazareno, El Crucificado y El Cristo Yacente. A esas escenas en Coria se le sumaba como singularidad la del Cristo Resucitado, no sabemos desde que momento histórico se produce tal incorporación.

La semana santa tenía en el s. XVII dos dimensiones la religiosa que corresponde a la liturgia de la Iglesia de nominada los Oficios que se celebraban con especial relevancia el Jueves y Viernes Santo en el templo y las procesiones que reflejaban la religiosidad popular y que transcurrían en un principio en el denominado Viernes de la Cruz desde el comienzo de la madrugada, pues a quienes participaban en ellas en tal día desde1536 el Papa les había concedido indulgencias plenarias. En muchas ocasiones las tres procesiones referidas (de El Nazareno, El Crucificado y El Cristo Yacente) se celebraban en coordinación con los Oficios, de tal manera que para evitar desordenes el arzobispo de Sevilla dispone que todas las procesiones se hagan de día a excepción de la de la Veracruz, con lo cual esto afecta al orden de salida de las mismas. El triduo de los Oficios se celebraba siempre por la mañana con sendas misas especiales el Jueves, Viernes y Sábado.

El Miércoles (que no era día de procesiones) se celebraba al anochecer la ceremonia de la Tinieblas en la parroquia que eran muy del gusto del pueblo (igualmente se repetía esta misma ceremonia al caer de la noche del Jueves y Viernes que era un rezo especial de maitines y laudes conjuntamente adelantado 6-9 horas antes por parte de los tres clérigos, es decir un cura y dos beneficiados, sochantre y sacristán con que contaba la parroquia de Ntra. Sra. de la Estrella)

Por tanto El Jueves Santo o más bien conocido como Jueves de la Cena, día eucarístico por excelencia, se celebran los oficios por la mañana, en esos oficios quedaba hecha la reserva de La Hostia Sagrada "presantificada" en el "Monumento" para así poder comulgar el cura en el Oficio del viernes al día siguiente en la "misa seca" de esa mañana. El Jueves por la tarde en el contexto del rezo de las Vísperas en la parroquia se hacia la Ceremonia del "Mandato" (lavatorio de pies por parte del curato a 12 pobres de solemnidad) y por la tarde o noche se suele sacar en procesión al crucificado bajo la advocación de la Veracruz o del Cristo de la Sangre, pues entronca con la entrega la entrega de Jesús de su sangre en el banquete eucarístico con la entrega real de la misma en el árbol de la cruz en el Gólgota.

El Viernes Santo o Viernes de la Cruz, como entonces se decía, por la mañana temprano se predicaba el sermón de la Pasión, como parece se celebraba en Jaén en torno 1460, en consonancia con la celebración de la procesión del Nazareno que representa el camino de Jesús por la vía Dolorosa. Las cofradías del Nazareno siempre en la madrugada del Viernes Santo para reproducir el camino de Jesús desde la casa de Pilatos hasta el Monte Calvario. En esta procesión se procedía por lo general al Encuentro entre las imágenes del Nazareno y de su madre María, con otros acontecimientos ocurridos en la calle de la Amargura. Generalmente en coordinación al Encuentro tenía lugar un sermón cantado y escenificado. Este pregón de manera narrativa y a veces con la inclusión de algún canto, rememoraba los hechos que acontecieron en la calle de la Amargura: San Juan corriendo buscaba a María para llevarla ante su Hijo, quien tras darle las espaldas para que ésta no sufriera, comenzaba a andar simulando las Tres Caídas. Tras las caídas aparecía la mujer Verónica para limpiar el rostro a Jesús que, posteriormente, lo mostraba al público asistente. Muchas veces finalizaba la ceremonia con la bendición de Nuestro Padre Jesús a todos cuantos se congregaban. En el caso de Coria por su vinculación marinera es muy probable que la bendición del “pueblo marinero” se hiciese en conjunción a la bendición de las aguas junto al río.

Como señalábamos las cofradías de la Vera+Cruz procesionaban en la tarde noche del Jueves. En otros casos las cofradías de crucificados procesionaban el Viernes Santo, algunas por la mañana y la mayoría por la tarde, en Coria como la Cofradía del Crucificado existente tenía el titulo de la Vera+Cruz y esta tenía la dispensa de procesionar el Jueves, suponemos que así lo haría en tal día, como indican las reglas de otras hermandades de Vera+Cruz. El hecho de que estuviese instalado el Monumento en la parroquia justifica que aquí acudiesen los hermanos de la Vera+Cruz a hacer estación ante el Monumento. Igualmente es de suponer que lo harían más tarde los hermanos de Ntro. Padre Jesús Nazareno también con su procesión por ganar las indulgencias correspondientes.

Por la mañana del Viernes o Viernes de la Cruz se celebraba en la parroquia, el Oficio de la Adoración de la Cruz en la Iglesia y por la tarde tras el almuerzo se conmemoraba el Santo entierro, afuera del templo de la Ermita de la Soledad. Se pronunciaba un sermón por parte de un sacerdote que llevaba unida a la predicación del sermón, el desarrollo de la acción de desclavar y descender el cuerpo de Jesús de la Cruz (un crucificado articulado) y su colocación en el sepulcro. Celebrándose a continuación la procesión del Santo Entierro.

Los Oficios por la Resurrección de Jesucristo se celebraban en la mañana del sábado, que entonces se denominaba Sábado de Gloria (Así hasta la reforme litúrgica de Pio XII de 1956). Estos oficios del Sábado de Gloria eran conocidos en algunos pueblos como del aleluya o del “Rompevelo”, ya que en el Altar Mayor de la Iglesia Mayor se colocaba una especie de cortina o velo de color morado y de grandes dimensiones que se descorría al momento del canto del Gloria, simbolizando así la Resurrección de Jesús (también los otros altares habían permanecido cubiertos con velos). Tras este momento, comenzaba un sonoro repique de campanas y tras los oficios la tarde era un momento de fiestas y celebraciones en el pueblo. Era tradición como en otros pueblos después proceder al Quema del Judas y comenzaba una fiesta que se prolongaba en algunos casos hasta el Lunes de Pascua (El sábado, domingo y lunes las misas de por la mañana eran de solemnidad y como correspondía a un momento religioso importante como era el Corpus eran días festivos por lo general) .

Podemos suponer que el Domingo de Resurrección después de la alborada se celebraría la tradición de los Abrazos entre María y el Cristo Resucitado tal como lo conocemos. Hay constancia que en Sevilla la Hermandad homónima de la Soledad celebraba el simulacro del encuentro de Jesús Resucitado con su madre (usando para ello otra imagen distinta a la Soledad dolorosa sobre 1570) en el que a buen seguro se inspiraron los Abrazos de Coria. En 1604 el Cardenal de Sevilla Niño de Guevara establece la prohibición a que se efectuara la relatada representación de la Resurrección, sin embargo por algún motivo desconocido en Coria no se suprimió esta tradición que ha pervivido hasta la fecha. Este ceremonial supone que el Viernes de la Crua (Viernes Santo) se supone que se depositaba el cuerpo muerto de Jesús, según una tradición coriana el paso del Santísimo Cristo Yacente entraba en la Iglesia Mayor y allí se sustituía por el Resucitado, mientras que el paso de la Virgen de la Soledad se recogía en su ermita situada entonces en las afueras del pueblo en dirección al barrio de pescadores.

Tras los días de silencio, recogimiento y ayuno de la Semana Santa, en que los mesones permanecían cerrados y no se podía hacer música venía al fin la fiesta el Sábado de Gloria tras el Oficio Pascual. El Sábado de Gloria al toque de las campanas al Gloria en el oficio matutino se quemaba un muñeco de paja vestido con ropas muy gastadas o hechas con de retazos de tela era el denominado Judas, al que primeramente se apedreaba. Esa figura simbolizaba al discípulo que vendió a Jesús por treinta monedas. Con ello se quería personificar el Triunfo de Jesús Resucitado sobre la muerte y la traición de Judas, que representaba el mal. A continuación el pueblo empezaba el jolgorio y la fiesta comiendo pan, vino y embutido.

La Fiesta del Sábado de Gloria seguía al día siguiente. Al despuntar el alba del Domingo salía en procesión la Virgen de la Soledad, que ahora ha cambiado su túnica negra de luto por otra roja, va desde su ermita en dirección a la Iglesia Mayor, en cuya plaza se celebra el Encuentro de María con su Hijo Resucitado, que cual saliese del sepulcro lo hace de la Iglesia al son alegre de las campanas. Tres veces se aproximan los pasos y las imágenes, son los Abrazos (2). Luego continuaría la procesión gloriosa hasta que la Virgen y el Resucitado regresaban a su ermita y con ello se daba por finalizada la celebración de la Semana Santa, que en realidad se ceñía a los días que iban del Jueves Santo al Domingo de Resurrección.

(1) Una cofradía penitencial dedicada sólo a María, de las que nos han legado noticias por el título en Coria de la Hermandad de “Nuestra Señora de los Dolores y del Carmen “que pudo provenir de la absorción de la primera por la de la Virgen del Carmen posterior al radicarse esta última en la capilla de la Magdalena sustituyendo a la anterior Dolorosa. Las advocaciones para esta virgen Dolorosa con culto autónomo son diversas, la más común es la de Nuestra Señora de los Dolores, pero también recibe los nombres del Mayor Dolor (podría ser el caso de Coria), de las Angustias, del Consuelo (es el caso de Cantillana), de la Quinta Angustia, de las Espadas, del Traspaso, de la Piedad.

(2) Los Abrazos de la Virgen y el Resucitado son únicos en España, sin que de manera cierta se sepa su origen. No obstante aportaremos aquí nuestra hipótesis al respecto. Es bien sabido que este encuentro de la Virgen con su hijo Resucitado es representado en otras muchas localidades de España, donde en tal ocasión sale una procesión. Ello nos hace pensar en un ritual con una base común que se extendió en ciertas Hermandades de Penitencia en particular castellanas. En esta ceremonia es frecuente que cuando la Virgen se acerca al Resucitado (ambos llevados en parihuelas), los portadores de las parihuelas de la Virgen se aproximan y arrodillan tres veces, en señal de saludo y respeto de la madre a su glorioso hijo. Muy bien pudo suceder que en Coria por este motivo se introdujera la variante del Abrazo, pues al producirse el arrodillamiento de los portadores delanteros solamente la imagen se inclina de tal forma que de ahí si se efectúa con las parihuelas de Cristo la misma operación, ya tenemos ahí la configuración del Abrazo.